martes, 7 de enero de 2020

Pablo Aguado, el héroe vestido de oro




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Es historia, sí, y similares a esa tarde aún más, pero el que no haya sentido ningún tipo de emoción o sentimiento taurino interior contemplando esta obra de arte, desafortunadamente no podrá aficionarse nunca a este entrañable universo de la tauromaquia. ¿Cómo se puede conquistar literalmente la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla (palabras mayores) cuando hace unos días se confirma la alternativa en México? Torear es belleza, pasión, escultura incluso, y 1000 Piedades de Miguel Ángel no superan esta estampa. Pablo Aguado bajó del cielo vestido de oro para caer en el Patio de Cuadrillas sevillano y deleitar al exigente respetable, que de seguro, contados entendidos se quedarían sin exclamar un solo "ole", y quizás ni eso... Y es que el toreo es el espectáculo en el que una obra de arte vive y muere para fundirse con otra mejor.

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Cuando todo estaba "Aguado", llegó Pablo. La corrida era especial, sin duda dos figurones del toreo con la grandiosa Jandilla. El sevillano de berenjena y oro, a mi juicio, no era realmente conocido entonces. Cabe destacar la diferencia de fama torera y popularidad que poseía Pablo al entrar por la Calle Iris, y al salir por la anhelada Puerta del Príncipe. Morante de la Puebla, rey del ruedo maestrante en aquellos momentos, y su príncipe Andrés Roca, siendo "Rey" además de la juventud torera que sube a lo más alto del escalafón, serían destronados por el actual DUEÑO de la Real Maestranza de Caballerías de Sevilla, le pese a quien le pese. Y doy fe debido a la gran ovación que le obligó a saludar en el Festival Benéfico del 12 de octubre de 2019 antes de que saliera su novillo.


Y más que las dos extraordinarias faenas de un par de orejas cada una, y en general la fascinante lidia que Aguado le dio a Cafetero y Oceánico de Jandilla, fue más bien la corrida entera, en mi humilde opinión repleta de emoción, arte y torería. Hubo de todo: portagayola, galleo del Bú, Puerta del Príncipe, música de Tejera en distintos tercios, toreo de rodillas, también sin flexionarla completamente... Y recuerdo como un verdadero privilegiado, sin siquiera haber gozado de presenciar esta corrida del 10 de mayo, que 4 días antes había asistido a la Real Maestranza, con mi gran amigo y "padre taurino" Manuel Jiménez, (debido a su colosal sapiencia acerca de este universo taurino), y también con su pareja Marta. La decepción con la que nos fuimos de la floja corrida de juampedros el 6 de mayo anterior, se esfumó con la aparición de esta pluscuamperfecta figura del toreo, la cual a día de hoy, anuncio sin complejos que es mi torero favorito, A DÍA DE HOY, y espero mantenerlo por siempre debido a sus maravillosas cualidades.


Y es que el universo de los toros es un misterio: quién nos iba a decir que ese rostro de preocupación, respeto, seriedad y responsabilidad que atravesó la calle Iris y el albero baratillero, se transformaría en alegría, felicidad, de poderío y torería al abrir la Puerta del Príncipe. Actúan Morante y Roca Rey. Sorprende Pablo Aguado en el saludo capotero. Buen tercio de varas, pero difícil el de banderillas. El matador está impaciente en salir a torear, mientras la raza de Ángel Gómez consigue poner un gran par de espectacular mérito. 



Magnífico comienzo de faena, y a los pocos muletazos, templados y ralentizados, irrumpe "Dávila Miura", personalmente, de mis pasodobles preferidos. Cafetero no humilla, pero Aguado se adapta a la perfección a su complicada embestida, meciendo la muleta DESPACIO, con VERTICALIDAD, y dirigiendo los pases de pecho a la hombrera contraria. Ahí había "lío gordo". Estoconazo en todo lo alto. Las dos orejas del de Jandilla habían cambiado la vida del sevillano.



El "pique sano" de los dos espadas restantes hacía de la Maestranza un hervidero de emociones. Pero Pablo Aguado era el que mandaba ahí. Excepcionales lances a Oceánico, que poseía mejores cualidades que el anterior toro. Pata negra del toreo.


Faenón al son de "Suspiros de España", aprovechando la humillación del animal. La Puerta del Príncipe, sonriendo, se preparaba para ser abierta, y ser atravesada por un "Príncipe" sevillano, que en aquellos momentos no era sino Rey del ruedo maestrante. Otro estoconazo, y otro par de orejas aue se ganó el hispalense, y a su vez también el respeto y admiración del exigente respetable, entre el cual me incluyo.


Romero Salas