miércoles, 26 de abril de 2023

Sevilla no quiere a su madre


    Decían los curristas de las camisas rajás' que quien no quería al Faraón, no quería a su madre. Y esa es la frase de la que se han ido apropiando los que hacen kilómetros siguiendo al maestro de la Puebla. Sevilla está enferma, huérfana de afición sevillana. Sevilla ahora es la feria ganao'  -al menos a partir de las 18:30- donde el silencio ya no sobrecoge, donde los corrales son los de mi pueblo y donde la Puerta del Príncipe ya son palabras menores. Pero el mayor de los pecados es que Sevilla ha abandonado a su devoción del siglo XXI, y no por vez primera. La Maestranza ha desheredado a su torero.

    Sevilla por no entender, no se entiende ni ella misma. Todo gira en torno a irse del Real para luego volver. Es como salir un paso de su templo en estación de penitencia y recogerse a las horas, sin santiguarse en la Santa Iglesia Catedral. Y ese sacrilegio sucedió en el barrio del Arenal el pasado lunes, como tantas otras tardes. 



    Morante no se baja de su dimensión. A sus 43 años. Y a Morante lo han vendido por treinta monedas de plata. Hoy la afición sevillana prefiere una faena de "trapazos" sin orden ni sentido. La muleta y el capote son un trapo. Un trozo de tela. Si no se utilizan bien, el torero está pegando "trapazos". Muy diferente a lo que viene a ser un lance o un muletazo. Para nada son lo mismo. Y Sevilla lo tolera y concede la Puerta del Príncipe a tres tandas citando desde la portada de la Feria y colocándose como para bailar sevillanas. Roca Rey es quien llena hoy día las plazas, y su función es esencial; y de acuerdo estamos. Pero no se puede ningunear al público hispalense de la manera que lo hizo y seguirá haciendo. El ruedo no es un ring de boxeo. El toreo no es lucha, sino danza. Complementariedad entre toro y torero, que no oposición. Por eso a Rocky Rey le faltan los guantes cuando sale a "torear". 

    Pero de nada sirve esto. De todas maneras, a la tarde de Victorino van toros reseñados como sobreros en Olivenza. De nada sirve. Todo es un circo. Pese a que luego se comportaron bastante bien, supone un auténtico insulto al caché del coso maestrante. Sevilla es lo extraordinario, lo sobrenatural, lo superior. El templo del toreo. Para bien y para mal.

    Y hoy vuelve a pisar el albero de oro Morante de la Puebla. Hoy tiene la afición una deuda que saldar. Debe tener el detalle la Maestranza de romper con ovación el paseíllo para sacarlo a saludar, a modo de disculpas y reverencia a su Mesías. De sabios es rectificar.

Imagen: ABC

Romero Salas