viernes, 29 de abril de 2022

¡Qué te han hecho, Sevilla!

    Qué han hecho contigo. Vives para tu afición, y tu afición te mata a descabellos. Escribía Rafael Alberti que lloraba la Giraldilla mora con lágrimas en su pañuelo. Y si a ella le ha dado por mirar hacia los tendidos de la Maestranza esta misma tarde, no sé yo cómo habrá terminado la pobre. 

    El "afisionao" está en peligro de extinción. Hoy día hay taurinos de gomina y Varon Dandy que muy honrada y respetablemente adormecen el ladrillo visto del arenal baratillero. Pero, groso modo y con contadas excepciones, no saben corresponder a lo que se les ofrece. Déjeme explicarme:



    Llegó Morante al albero sevillano obligándonos a retroceder un siglo en el tiempo. Medias blancas, verónicas por alto abelmontás', revertinas a una mano y naturales por detrás de la cadera. Un par de toros más adelante, tras una gran ambición, entrega y torería, sale por si fuera poco al quite. Y queriendo echarse el capote a la espalda mediante una revolera, pierde un pie y los vuelos del percal. En la ínfima y menos razonable ocasión llegaron los pitos a la Cartuja. Sevilla se dio con "su" Morante. A qué viene eso. Como es natural, se desplomó el cigarrero emocionalmente y hasta luego Lucas. Se le pitó incluso al irse de la plaza en el juicio más injusto.



       En el quinto burel -el que dicen que nunca es malo- sale Diego Urdiales decidido y en torero a pegar un abanico de verónicas de las que no se borran. Acunando el toreo y como con el paño de la cocina, todo esto a un manso de nacimiento más berreón que un valencianista en la final de la Copa del Rey. Jamón de pata negra por el pitón derecho, toreando como se es y como el cuerpo pide. NATURAL. Entrando a matar derechito como circula el tranvía de la Avenida de la Constitución. Y la ovación se extingue en el saludo desde el tercio. ¡Cómo merecía este torero una vuelta al ruedo después de semejante lección!



        Pero llega Manzanares con su impecable colocación y sus gallardas maneras (nótese por favor ironía) y a Sevilla le falta toro para aplaudir. Menos mal que salvó el asunto vistiendo un selecto nazareno y oro. Reconozco que hoy me ha gustado el maestro mucho más que otras tardes. Y la de hoy la ha pescado en el sexto bicorne. Se lo agradezco, y no poco. Pero hay que tratar a las cosas como son. Y no menos debía ser en la plaza que era: la pureza y la naturalidad jamás deben estar subordinadas bajo la trampa y la postura. Independientemente del resultado y el impacto general de la faena, en los cuales por supuesto ha superado con creces el alicantino. Detalles guapos de capa, riñones encajados en la franela y recibiendo en la suerte suprema, aunque sin éxito. Sin embargo, para nada venía a cuento otorgar una oreja por una faena sin estructura, sin pureza y sin redondez. No vendamos tan barata la Maestranza.

           Tampoco los chiqueros. Decepción general de desembarque. Un toro de seis años en el templo del toreo. Sin el mismo carbón  los demás cuatreños y cinqueños. Algo más educado fue el sexto, desde el saludo y en los tres tercios, pero no se escucharon cohetes. Y por vender se ha vendido hasta la banda, con sus destacadas preferencias de diestros. Si hay sobre de por medio, no se sabe. Lo que sí se sabe es que falta afición a raudales.

      La tarde se la ha cargado, en parte Jandilla, y en otra mucha, Sevilla. Qué te han hecho, por Dios, Sevilla.

Imágenes: Maestranza-Pagés

Romero Salas