sábado, 17 de octubre de 2020

"Homenaje jienense a Ponce": Curro Díaz se inspira junto a la pata negra de Juan Ortega

ENRIQUE PONCE, CURRO DÍAZ Y JUAN ORTEGA
COSO DE LA ALAMEDA, JAÉN 
De segunda categoría
-Estilo: Arquitectura de Jaén
-Inauguración: 18/10/1962
-Aforo: 10500 localidades

Comienzo: 17:30h
(Festejo retransmitido a través de Movistar Plus Toros)

Ganadería: Victoriano del Río
-Divisa: Negra y amarilla
-Finca: El Palomar (Guadalix de la Sierra, Madrid)
-Señal de orejas: muesca en ambas
-Antigüedad: 12/7/1942

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Al son de "Churumbelerías", hilvana el paseíllo sobre el albero jienense la colorida y armónica terna que se puede leer en el cartel, caminando destocado Juan Ortega como debutante en esta plaza como matador de toros. Al finalizar, se escucha un lento y respetuoso "Toque de Oración" en memoria de las víctimas mortales de la Covid-19, dando pie a su término a la emocionante y ovacionada interpretación del Himno Nacional. Saluda la ovación Enrique Ponce tras descubrir su homenaje en forma de azulejo y recibir una placa conmemorativa y diversos lienzos y cuadros en honor a su larga trayectoria, resumida en nada menos que treinta años de alternativa.




Enrique Ponce: rosa palo y oro

Curro Díaz: azul eléctrico y oro

Juan Ortega: sangre de toro y oro


    Recibe con sencillez el director de lidia y ganándole terreno a Comunero, negro, bajo, hondo, con sobresaliente cruz y de discreta encornadura que acomete enclasadamente en el peto del caballo, tomando una señalada vara en ideal sitio. Espera sin embargo en demasía a los subalternos en el tercio de banderillas, el cual concluye habiendo quedado tan solo cuatro palos, y saludando el último peón en parear. Brindis al público.
Inicia la faena por el pitón derecho a media altura, ganándose repentinamente los oles del respetable pese a la pronta y violenta actitud del toro. Consigue templarlo por derechazos, bajándole más el engaño y aprovechando la continuidad y tranco que presenta su oponente a sones del magnífico y torero pasodoble "Gallito". Lo intenta al natural, mas resulta imposible ya que es evidente el defecto que se intuye que posee en la vista, el cual le hace apretar y cabecear de forma agresiva, viéndose obligado el matador a continuar con la mano diestra. Empeora la calidad del toro cuando Ponce no duda en ir a por la espada, dejando un pinchazo y estocada corta. Se atrona al tercer golpe de verduguillo mientras se oye el primer aviso. Saluda desde el tercio la ovación tras los aplausos a la res en el arrastre.


    No consigue lucirse de capa Curro Díaz con el segundo de la tarde, Carterista, de mejor presentación que el anterior, negro, largo, hecho cuesta arriba, bocidorado, bizco del pitón izquierdo y con imponente cornamenta enseñando las puntas, que acomete en infinidad de ocasiones al equino, aunque solamente recibiendo un improvisado y breve puyazo, y posteriormente otro trasero. Se distrae en la suerte de rehiletes, los cuales quedan reunidos y en buen lugar. Brinda al respetable.
Se desentiende sin excesiva entrega el informal y desclasado astado, que, carente de fijeza desde los primeros tercios, desluce la faena del espada. Aporta música la seria composición taurina denominada "Dauder" a la intermitente y sin transmisión serie final. Le propina un desafortunado bajonazo y un posterior pinchazo bajo, dejando finalmente una estocada entera en suerte natural. Saluda la ovación que le otorga el público de Jaén.


    Negro meano axiblanco, listón, bien compuesto, hondo de caja, enmorrillado, bocidorado, ligeramente tocado del pitón derecho y sumamente estrecho de puntas cornialtas es el tercero de Victoriano, que a manos de Juan Ortega no permite el completo lucimiento con el percal de este último. Recibe rebrincado una trasera y prolongada puya, aunque metiendo poderosamente los riñones, y poniendo en grave peligro a los peones en el cuarteo de garapullos, que hacen dolerse al animal y destocarse a los hombres de plata para recoger el premio del tendido en forma de aplausos. Brinda a Enrique Ponce.
Lo conduce hacia los medios con torerísimos y templados doblones por bajo, para luego torear de salón con la "pata palante", sin defraudar nunca a su personal y pura tauromaquia, pese a que se ve obligado descomponer la figura debido a la falta de armonía y no muy boyante condición del morlaco. Lo intenta -en vano- por ambos pitones. Va yendo a peor Adinerado, que desmonta la franela del sevillano. Pinchazo hondo. Estocada entera, perpendicular y delantera en suerte contraria. Ovación para el más novel en alternativa, y pitos para el marrajo en el arrastre.


    Esboza un par de sabrosas verónicas el torero de Chiva en el recibo capotero al cuarto de la tarde, que sale descoordinado de chiqueros y galopando lateralmente con cierto carbón. Quitaluna, melocotón, serio, alto, listón, largo, hondo, badanudo y cornicorto con las puntas hacia arriba, pelea sin clase en la cabalgadura del varilarguero, cabeceando con un solo pitón al tomar una contundente vara, perdiendo tras ella feamente las manos entre la protesta de la afición. Brindis a todos y cada uno de los hombres de su cuadrilla, incluso Mariano de la Viña, banderillero de sus filas que se encuentra en proceso de rehabilitación tras la espeluznante cornada que sufrió el pasado año.
Se cae desplomado el cornúpeta tras los primeros muletazos de probatura. Carece notablemente de transmisión, que cada vez va persiguiendo la pañosa con más desgana. Torea al natural, aunque intentando solventar la misma condición de su oponente. Suena el pasodoble "Domingo Ortega", que no tarda en cesar. El toro ha debido ver en algún cartel que se homenajea a su lidiador, y estará embistiendo por simple compromiso. No se puede tener menos entrega. La palabra "emoción" pienso que no la conocen ni el de rosa palo y oro, y menos el segundo de su lote. Se queda este último prácticamente inmóvil, creo yo que ensayando para el venidero procedimiento de taxidermia. En contrapartida, ejecuta el diestro la poncina sin motivo ni razón, firmando esta contradictoria faena donde el aburrimiento ha sido el claro dominador con su habitual abaniqueo. Sigue toreando -cuando el presidente asoma ya el pañuelo blanco para los clarineros- por si cuela la posibilidad de indulto... tal y como están las cosas me espero ya cualquiera burrada. Lo hace despacio, pero por el mero hecho de que tiene un moribundo carretón delante, no porque lo esté templando meritoriamente ni mucho menos. Pinchazo trasero. Estocada entera, desprendida. Oreja (vaya pésimo lugar en el que acaba de quedar la afición jiennense). Maestro Enrique, le agradezco mucho su esencial e innegable labor en esta atípica temporada. No obstante, tan sólo le pido un favor: la próxima intente ser un poco más realista: para fantasía y mentirijilla nos vamos al teatro.



    Cóndor llamaron al quinto en la finca madrileña, negro, bien moldeado, enmorrillado, hecho ligeramente cuesta arriba y armado en cornidelantero, que de nuevo no facilita un lucido saludo con la capa. Le otorga el picador un leve y corto puyazo, y otro con más castigo, saludando más tarde los banderilleros al dejar dos pares de avivadores de categoría.
No se anda con rodeos el linarense en el comienzo de faena, toreando a placer desde el primer verso de su obra. El burel presenta tranco, recorrido y nobleza, además de una asombrosa transmisión que aprovecha genialmente el de azul eléctrico y oro. Nos deleita desmayado con la mano zurda, derrochando ese descomunal lote de arte y torería que su porta en su interior. Sensacional el maestro Curro Díaz con un fastuoso victoriano. Estocada entera y delantera en suerte contraria. Dos orejas, en mi honesta opinión bastante merecidas como tributo a la interesante actuación que ha dibujado sobre el ruedo el que hizo el paseíllo a la derecha de la terna.


    Empieza a cortar jamón de la más negra pezuña el diestro trianero, lanceando con extrema suavidad y cadencia a la verónica al sexto morito del festejo, y abrochándose una carísima y muñequeada media que hace levantarse a buena parte del tendido. Señala el del castoreño con la vara al negro, serio, alto, hondo, fino, manicorto, estrecho de pitones y bizco del zurdo. Quita con torería  venerando la chicuelina, quedando desiguales los palitroques.
Cala en el público desde el brindis al mismo. El encastado animal es el lienzo perfecto para pintar sobre él la más torera obra de arte, la cual se hace realidad mediante las telas de Juan Ortega. No puede estar mejor, incrementando a su vez el ánimo del público, quien acompaña con palmas al pasodoble. Le da tiempo al natural, cogiendo el estaquillador por el centro y citando de frente, siempre de frente. Vacía completamente los pases de pecho, prolongando la embestida a la hombrera contraria como hacen los matadores con verdad y pureza. Escribe un epílogo de caché, emborronado con un mísero pinchazo hondo. Le cuesta cuadrar al último, que no presenta una gran fijeza, pero finalmente propinándole un estoconazo en todo lo alto. El clamor de pañuelos es más que notable, pidiendo que se desoreje a Basurilla -no en vano-, el cual ha delatado a su nombre y es premiado con una vuelta al ruedo en su arrastre. Sale de la plaza entre aclamaciones de "Ortega, Ortega". Tomen nota de él, no tardará en situarse en el nivel de los más grandes.




La corrida de Victoriano del Río ha tenido correcta presentación, apta para una plaza de segunda categoría. Con escasa variedad cromática, y de juego casi nulo los tres primeros toros. A destacar el quinto, con gran clase, tranco en la acometida y nobleza, que sirvió de inspiración para Curro Díaz; y el sexto, encastado y con un recorrido extraordinario.

-Enrique Ponce:  ovación y oreja.

-Curro Díaz: ovación y dos orejas.

-Juan Ortega: ovación y dos orejas.

Imágenes: capturas realizadas del resumen de la corrida, retransmitida por Movistar Toros.

- ENTRADA: Tres cuartos del aforo permitido -

Romero Salas

lunes, 12 de octubre de 2020

"Mano a mano por la Hispanidad": La mansa corrida de Jandilla se carga el festejo del año en la Tierra de los Califas


MORANTE DE LA PUEBLA Y JUAN ORTEGA
COSO DE LOS CALIFAS, CÓRDOBA
De primera categoría
-Estilo: Contemporáneo
-Inauguración: 9/5/1965
-Aforo: 16900 localidades

Comienzo: 17:30 h
(Festejo retransmitido a través de Movistar Toros)

Ganadería: Jandilla-Vegahermosa
-Divisa: Azul
-Fincas: Los Quintos (Llerena, Badajoz);
Don Tello (Mérida, Badajoz)
-Señal de orejas: horquilla en ambas
-Antigüedad: 3/5/1951


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Asoman el pañuelo blanco los ensordecedores aplausos para recibir a los dos espadas que ocupan buena parte de la actualidad taurina: comienza la corrida del año. A sones de "Gallito", desfilan despacio, siempre despacio, los que hoy se acartelan en un reñido mano a mano en el Coso de los Califas, destocado Juan Ortega en su debut como matador de toros en dicha plaza, tras irrumpir el potentemente ovacionado Himno Nacional al principio del paseíllo, y el Toque de Oración en memoria de las víctimas mortales de la pandemia al término del anterior. Saludan ambos diestros antes de la salida del primer toro.



Morante de la Puebla: caña y azabache, con sus habituales pañuelos en honor a Joselito el Gallo.

Juan Ortega: marfil y azabache


    Se dirige decidido el maestro de la Puebla hacia el primero de la tarde recordando vagamente a una de las más típicas estampas del Faraón de Camas, haciendo a su vez homenaje al Rey de los Toreros lanceando por bajo, sacando las manos y con rodilla genuflexa, pese a la descoordinada y mansa actitud de su oponente, negro mulato, chico, con alta conformación de pitones, estrecho de puntas y astifino, el cual no cesa de escarbar, incluso después de tomar su correspondiente contundente par de puyazos. Mide en banderillas, haciendo prolongarse este tercio más de lo debido, también el número de capotazos.
Reina un silencio sepulcral en el deslucido inicio de faena de Morante, enganchando la franela el tremendamente desclasado animal, sin tranco y medio recorrido, que lleva por bandera la embestida a cabezazos. Se ayuda al natural, mas no hay manera. Seminarista no presenta ninguna virtud aparentemente. Sin embargo, consigue templarlo por el pitón derecho, dejando un buen sabor de boca en esta breve faena del cigarrero, concluida por sensacionales  y personales estatuarios, a quien se le va la espada en un feo bajonazo perpendicular, rematado por unos cuantos golpes ineficaces de verduguillo. Pitos en el arrastre del marrajo. Silencio.


    Incrementa el nivel de presentación el segundo, Programador, negro mulato, listón, serio, largo, más ancho de costillares, enmorrillado, que sale suelto con desigual galope, e imposibilita el lucimiento de capa de Juan Ortega. Recibe una señalada vara el cornúpeta aquerenciado a tablas sin excesiva pelea, negándose a recibir la segunda, esmerándose el trianero el colocarlo en la jurisdicción del piquero con rebosante torería en varias ocasiones. La magia florece en el quite de Morante, enjugándole al ralentí la cara al toro con ese lacio capotito, y una media que genera la envidia de todo aquel que la ha contemplado a través de una pantalla, y no pisando la Tierra de los Califas. Replicando a la perfección el torero de la Calle San Jacinto -por el mismo palo-, se abre paso entre la atención del respetable, que no da crédito de lo que ven sus ojos. Reunidos en una peseta y en su sitio caen los rehiletes. Brindis a Morante.
Fiel a su pura tauromaquia, asiendo el estaquillador por el centro con las yemas de los dedos, y citando de frente, dando el pecho, nos deleita con el temple en su mano izquierda, enseñándole a acometer al jandilla a sones de "La Concha Flamenca". Ronronea Córdoba en la segunda serie al natural a media altura, sin poder hilvanar cada muletazo pero saciando con creces el paladar más exigente del buen aficionado. Va sacando el cuello con armonía y recorrido la res en la pañosa del trianero, aunque pecando de discontinuo. Sencillamente sublime. La única pena, la estocada baja que hace esfumarse cualquier posibilidad de corte de apéndices. Saluda desde el tercio la ovación.



    Sietegatos se lee en la tablilla de toriles, negro mulato, serio, largo y ancho de palas, el cual mete discretamente los riñones en el peto tomando administrados puyazos, y huyendo con notable mansedumbre, tras no facilitar un digno saludo capotero a manos del director de lidia, desvirtuado por el defecto anteriormente mencionado. Destacan los peones en la colocación de los palitroques, además de con prolongados capotazos. Brindis a la diputada Cayetana Álvarez de Toledo, nada menos que con la montera de Joselito el Gallo. Palabras mayores. 
Se desentiende el astado frente a la muleta de Morante. Tiene humillación pero no termina de romper la transmisión, aun considerando importante la entrega del diestro de la Puebla, en su comienzo al natural, agarrando el engaño como Dios manda: por el centro del estaquillador. Consigue un interesante retazo por derechazos, dominio y solvencia torera. No tiene suerte con los aceros. Saluda la ovación.

    Al no poderse estirar a la verónica el torero de la otra orilla del Guadalquivir, frente a la que presume la Real Maestranza, castiga el del castoreño al negro, largo, bajo, fino, hecho ligeramente cuesta arriba, enmorrillado y cerrado de pitones casi cornidelanteros, quedando desiguales los garapullos en el lomo del de Vegahermosa. Brindis al público.
El desclasado cuarto se opone rotundamente a acometer con cualidades a la pañosa de Juan Ortega, el cual se esmera en robarle algún que otro muletazo en condiciones. No transmite ni al más novato turista. Abrevia por el bien de nuestra capacidad de atención. Pincha en suerte natural. Estocada entera, algo trasera y tendida.

    Otro manso jandilla que no permite el lucimiento en el recibo capotero del de caña y azabache sale de chiqueros, el cual responde al nombre de Sarao, negro mulato, de escasas hechuras y parejo de encornadura a sus hermanos. A cuatro dedos del morrillo -tal y como mandan los cánones del mismísimo Cossío-, deja caer la pica en ambas acometidas al equino el ovacionado varilarguero. Quita con pureza por bajas chicuelinas, girando sobre sí mismo al más clásico estilo. De nuevo un fastuoso tercio de avivadores.
Se inventa la faena como le manda su alma torera. El absoluto dominador se llama José Antonio Morante Camacho. El noble y enclasado astado se adapta al engaño que su lidiador le presenta, el cual está pintando al "tun tun" con gran diversidad cromática sobre un inmaculado lienzo a su entera disposición, sin orden ni estructura. ¿Y qué más da? Morante está inspirado, y qué mejor escenario que el albero cordobés, observado desde los palcos por los cinco califas del toreo en blanco y negro, y de seguro gritando su más profundo "ole" a la obra que se forja ante sus ojos, aportando música el gallardo pasodoble "Suspiros de España". Improvisa por manoletinas auténticas, las de verdad: que no le engañen como me engañaron a mí; las manoletinas citando de perfil y rápidamente girando sobre su eje de frente no vienen a llamarse montecinas ni nada por el estilo, no son sino las reales que ejecutaba el Monstruo que dio nombre a las mismas, estudiadas al detalle por el clásico y puro maestro Morante. Tomen nota los "figuritas" que hayan de tomarla. Concluye ahora por un excelso y nutrido ramillete de ayudados por alto, metiendo la barbilla en el pecho y toreando con todo su cuerpo. Una lástima el pinchazo hondo, y la posterior media estocada, que se limitan a otorgarle una vuelta al ruedo.




    Silencio, callemos por un momento, que Juan Ortega duerme al toreo. Saluda extraordinariamente en algunas despaciosas verónicas de su recibo capotero al sexto del mano a mano, castaño albardado, a cuya madre llamaron Osoria, y el cual posee la mejor presencia de la corrida. Alto de cruz, rematado, grueso de grupas, enmorrillado y estrecho de puntas, un señor toro, recibe un sencillo castigo en varas. Quita por lustrosos delantales el matador de marfil y azabache. Mide y espera en la colocación de los pares.
Y una vez más ponemos en práctica lo que frecuentemente suele ocurrir: el ejemplar más bonito del embarque, el de peor juego. En la muleta es descaradamente malo. No tiene absolutamente nada. No hay por dónde cogerlo, ni por un pitón ni por otro. Juan, con buen criterio a mi escaso entender, se ve obligado a acudir a por el estoque. Pinchazo hondo en suerte natural, doliéndose el marrajo y huyendo escopeteado. Estocada entera en suerte contraria.

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La corrida en general no ha tenido una presentación óptima para una plaza de primera, excepto el sexto. Mansa en su totalidad, de capa oscura menos el último castaño, y de escaso juego. A destacar el quinto, con el cual Morante se pudo lucir casi en plenitud, y hubiera obtenido gran recompensa de no ser por la tizona.

El sobresaliente Miguel Ángel Sánchez, de obispo y oro, no pudo intervenir en ningún momento del festejo.


-Morante de la Puebla:  silencio, ovación y vuelta al ruedo.

-Juan Ortega: ovación, silencio y silencio.


- ENTRADA: "No hay billetes" del aforo permitido (2960 espectadores)-

Imágenes: capturas realizadas del resumen de la corrida, retransmitida por Movistar Toros.

Romero Salas

OPINIÓN: De grana y oro amanece

    Esta mañana nos despegaba de las sábanas el deslumbrante centelleo del inconfudible grana y oro, en el cual se enfunda este lunes doce de octubre. Y no podía ser de otra manera. Concentrado ya sobre el Coso de los Califas, aguarda la apertura de la puerta de cuadrillas, dando a su vez comienzo a la "corrida del año". Tras la desmesurada y estragadora borrachera de toreo caro que nos brindó El Fino el pasado viernes en Antequera, al cual ya llaman por ahí "VI Califa" -aparte de la "indultitis" que actualmente invade los palcos presidenciales-, asistimos con verdadera ilusión a un prometedor mano a mano, el cual llevamos esperando con gran impaciencia.

    La ausencia de Pablo Aguado, me reitero al igual que en anteriores artículos, es más que evidente. Ese desparpajo y toreo clásico sin aspaviento alguno, derramando torería, es difícil de volver a ver en algún otro torero. Aún así, para nada pierdo la quimera que hoy reina en la afición taurina.

    Me doy un paseo por los corrales cordobeses, a través de las diferentes webs taurinas y me salta a la vista una pronta escasa presentación. Espero que sea fruto de las ilusiones ópticas que muchas veces provocan las fotografías. Me dirijo al orden de lidia, y difícilmente se supera de media los quinientos kilos. Espero también que la tablilla se equivoque esta tarde. Quien no espero que lo hagan son las privilegiadas muñecas de los maestros Morante y Juan Ortega. Y al nombrarlos, aquí sobran las palabras. Festejo de máxima expectación, ojalá que no de decepción. Así pues, que Dios reparta suerte en este de seguro noble y reñido mano a mano, y que tampoco Se olvide de que los chiqueros atesoran el principal elemento de la Fiesta. Sin toro no hay espectáculo. Feliz Día de la Hispanidad, Viva España y su Fiesta Nacional.

Romero Salas

sábado, 3 de octubre de 2020

"Reconstruyendo la temporada": La tizona empaña el poema al natural de Paco Ureña junto a la premiada seguridad de Jorge Isiegas


 Foto: ubeda.ideal.es


PACO UREÑA Y JORGE ISIEGAS
COSO DE SAN NICASIO, ÚBEDA (JAÉN)
De tercera categoría
-Estilo: Arquitectura Decimonónica 
-Inauguración: 1/8/1847
-Aforo: 5200 localidades

Comienzo: 18:00 h
(Festejo retransmitido a través de Movistar Toros)

Ganadería: Daniel Ruíz
-Divisa: Amarilla y Verde
-Fincas: Cortijo del Campo y Gorgoji (Alcaraz, Albacete)
-Señal de orejas: zarcillo en ambas
-Antigüedad: 20/9/1914

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Tejiendo un armónico y vestido con gusto dúo saliendo del patio de cuadrillas, desfilan destocados los dos espadas que hoy se acartelan en la segunda corrida de Úbeda. Al término del paseíllo, se guarda un minuto de silencio en memoria de las víctimas mortales de la pandemia, que es roto por los dulces acordes del aplaudido Himno Nacional, que retumbando entre los tendidos de la plaza, eriza el vello de cualquier español orgulloso de su patria.

Paco Ureña: rosa y oro

Jorge Isiegas: verde hoja y oro




    Se hace presente con efusivo galope Tirachinas, castaño claro, bien compuesto, hondo de caja, enmorrillado, bocidorado, cornicorto y tocado del pitón izquierdo, que arrebata el percal a Paco Ureña con una agresiva y desclasada embestida de salida, quien tras un desagradable susto lo saca hacia los medios, para posteriormente conducirlo hacia las rayas de picar, tomando una prolongada puya que le elimina repentinamente ese excesivo carbón que lo caracterizaba. Clavan de forma desigual los pares mientras el toro escarba con frecuencia.
Se implica el diestro con un torero inicio de faena, sacando hacia fuera a su adversario que no cesa de mostrar este inequívoco signo de mansedumbre. Con fenomenal colocación, lo intenta con naturales ayudados, pese a que el informal astado no le permite hilvanarlos. No obstante, la excepcional sapiencia y entrega del lorquino hace exponer una lograda serie por el pitón derecho, el cual acomete con evidente aspereza y violencia al engaño al ritmo del pasodoble "Ragón Falez". Medio minuto más tarde, no hay manera de exprimirle jugo a este complicado marrajo. Lleva por bandera el escarbar y propinar cabezazos cuando se le presenta la muleta. Poco más y se cava su propia tumba con las pezuñas. La tensión reina en la desafortunada suerte suprema, pinchando en numerosas ocasiones y sin echar la cara abajo el castaño pese a la infinidad de golpes de descabello habiendo sonado dos avisos. El primero de la tarde es pitado -con razón- en su arrastre.


    Rebujano llamaron al segundo en la finca albaceteña, negro, largo, hecho cuesta arriba, recto de palas y tocado del pitón zurdo -escobillado-, que permite el lucimiento de Jorge Isiegas con la capa, siendo llevado a los medios por el mismo ganándole terreno. El piquero le proporciona una trasera y medida vara durmiéndose en el peto y facilitándole a los hombres de plata un aparentemente sencillo cuarteo, doliéndose a causa de los arpones. Brindis al público.
Escarbando al igual que su hermano de corrales, se para frente a la franela del torero. En contrapartida, lo poco que embiste lo hace con clase, humillando y con tranco por ambos pitones, mas sin continuidad ni fijeza, distrayéndose en demasía. Deja una faena carente de estructura en cuanto al cambio de manos. Cabe destacar el mérito del espada, también al propinar un estoconazo en los mismos rubios tirándose valerosamente en la testuz con sublime torería, en suerte contraria, acción que le vale la oreja.


    Nombran Tirano al tercero del festejo, con mejor presentación hasta ahora, digna de plaza de segunda y, con suerte, incluso de primera categoría, siendo levemente aplaudido de salida; negro, serio, alto, rematado, extremadamente enmorrillado y hondo. La única pega: la encornadura, similar a la del anterior cornúpeta. Lo lancea con gran gusto Paco Ureña, alternando con un improvisado delantal a pies juntos, y rematado con una exquisita media en la boca de riego. Derriba al torero del castoreño al perder la pica. Quita el director de lidia por enteras, sin trastabillar y ajustadas gaoneras. Saludan la ovación los dos peones que han colocado los rehiletes en su sitio. Brindis a su apoderado Paco Lozano. 
Comienza la faena con magníficos e inmóviles estatuarios, cambiándose de mano espléndidamente. "Camino de Rosas" aporta música al bellísimo poema que al natural escribe sobre el albero jienense, templando a la res de excelente condición y afable fondo, con verdadera pureza dando el pecho. Sensacional toreo pata negra de pellizco. No obstante, le va acortando el recorrido, trazando el derechazo a media altura para evitar que el burel pierda las manos, como ya lo ha hecho en repetidas ocasiones. Se apaga repentinamente, desprendiéndose de esa clase, nobleza, y continuidad que le alababan, acometiendo ahora a cabezazos. No tiene suerte con los aceros, que emborronan una valiosa faena del enfundado en un torerísimo rosa y oro.


    Cierra los chiqueros Morisqueto, negro, con trapío, hondo, enmorrillado, badanudo, bajo de manos, ancho de cuerna y con correcta conformación de pitones para la categoría del coso ubetense. Se estira a la verónica el joven matador en el saludo capotero a su oponente, que pelea en el peto del equino con un solo pitón y metiendo bien los riñones. A continuación, la grandeza de la suerte de palos reluce con fastuosa viveza, quedando los seis en lo alto y en excepcional lugar. Brindis al micrófono de Movistar Toros por las víctimas de la Covid-19, en especial a un amigo que también ha padecido esta pandemia. 
Echa entregado la "pata palante" y con genial colocación frente al segundo astado de su lote. Suena "Nerva" cuando alterna con la mano izquierda, consiguiendo los mejores retazos de su faena. Combina ambos pitones con notable repetición, cuando sin motivo ni argumento se detiene el morlaco. Se niega en rotundo a dar un paso más acudiendo a la parda pañosa que su lidiador le presenta. Pinchazo hondo. Media estocada ejecutada con gran seguridad, la cual no es eficaz, siendo necesario un golpe de verduguillo. Abandona Jorge Isiegas la plaza dejando una interesante sensación y deliciosos momentos para el respetable.


La presentación de la corrida ha sido apta para un coso de esta categoría, incluso el tercero salió de los toriles con hechuras dignas de una clasificación superior. La capa oscura ha predominado, de pequeña encornadura, y buen juego en general, aunque con poco fondo y brevedad en su condición, exceptuando el primero, que fue descaradamente manso y desclasado, siendo considerado con importante diferencia el peor de la corrida, y habiendo sido pitado en su arrastre. A destacar, el segundo de Paco Ureña, lidiado en tercer lugar, con extraordinaria clase, nobleza y tranco, y dando mucho de que hablar por el pitón izquierdo.
Sobresaliente: David Sánchez "Saleri", de catafalco y azabache, quien no ha intervenido en ningún momento del festejo.

   
-Paco Ureña: silencio y palmas.

-Jorge Isiegas: oreja y silencio.


- ENTRADA: Lleno del aforo permitido -

Imágenes: capturas realizadas del resumen de la corrida, retransmitida por Canal Plus Toros.

Romero Salas

jueves, 1 de octubre de 2020

"Reconstruyendo la temporada": Álvaro Lorenzo torea de salón en Úbeda frente al sinsabor de El Juli

Foto: flickr.com



JULIÁN LÓPEZ "EL JULI" Y ÁLVARO LORENZO
COSO DE SAN NICASIO, ÚBEDA (JAÉN)
De tercera categoría
-Estilo: Arquitectura Decimonónica 
-Inauguración: 1/8/1847
-Aforo: 5200 localidades

Comienzo: 18:00 h
(Festejo retransmitido a través de Movistar Toros)

Ganadería: Garcigrande
-Divisa: Blanca y Roja
-Fincas: Garcigrande (Alaraz, Salamanca); 
Juarros (Chagarcía Medianero, Salamanca)
-Señal de orejas: Horquilla en la derecha y 
Hoja de higuera en la izquierda
-Antigüedad: 29/6/1986

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Se forja un despacioso paseíllo a sones de los excelsos acordes musicales mientras el sol derrama sus vivaces y otoñales rayos, mostrando su conformidad con este proyecto llevado a cabo por valerosos taurinos. Tendrá obviamente sus más y sus menos; no obstante es todo un logro estar viendo toros de forma regular pese a la negativa situación. Destocado Álvaro Lorenzo como debutante en el ruedo ubetense, se guarda respetuoso minuto de silencio, que posteriormente es roto por el ovacionado Himno Nacional.



El Juli: ciruela y oro

Álvaro Lorenzo: azul pastel y oro


    Un toro castaño claro, largo, bajo, alto de ijares, con mirada dulce y estrecho de pitones cornidelanteros se topa con las telas de El Juli humillando notablemente, quien consigue extraerle un gustoso ramillete de verónicas y abrochando a la vez con una sabrosa media digna de cartel casi en los medios. Lo dirije hacia el piquero que monta la vara, yéndosele levemente fuera de lugar, a la vez que el cornúpeta cabecea sin clase, aunque metiendo bien los riñones y más tarde esperando en demasía a los subalternos del madrileño en la ejecución de la suerte de banderillas. Brindis al público.
Inicia la faena con evidente dominio a su adversario e interesantes pasajes con la mano derecha. Sin embargo, no se cruza en exceso entre los pitones, mientras insiste al natural acortando el trazo del muletazo a un noble astado que va perdiendo continuidad, recorrido y carbón. Va decayendo la transmisión, mientras el diestro se pasea por los cerros de Úbeda, nunca mejor dicho, bajando descaradamente la muleta para captar la atención, con circulares invertidos carentes de torería y pegando zapatazos en el tablao, perdón, albero, como si al flamenco se dedicara. Señoras y señores, eso no es torear. Deja una estocada entera en suerte contraria, algo trasera y caída, la cual no es suficiente requiriendo el uso del descabello, eficaz al tercer intento sacando de tablas al encastado animal, ovacionado en el arrastre. También lo es Julián, quien saluda desde el tercio.


      Maniatado se llama el segundo de la tarde, negro mulato, listón, largo, fino de costillares y también de astas, que acomete con lentitud al percal de Álvaro Lorenzo, quien ofrece una magistral clase de toreo de salón a cámara lenta en la boca de riego, deteniendo el tiempo por momentos. ¡Sensacional! En contrapartida, disminuye la emoción durante el pésimo tercio de varas, llegando a penetrar la puya hasta en cinco ocasiones en desiguales sitios, en el primer encuentro debido al inestable empuje de la res, que desmonta al caballo y al varilarguero. Se lleva a cabo un medido segundo puyazo para luego colocar los rehiletes con aparente facilidad. Brinda al público.
Da comienzo la faena de rodillas con afarolados, cambiando valientemente la mano a pesar del viento que descompone las bambas de la franela. Torea sublimemente al ralentí, humillando su oponente con relevante cadencia, recorrido y continuidad, aunque va desprendiéndose de la fijeza, distrayéndose frecuentemente en su observación al tendido. Le da tiempo y sitio el espada, prolongando toreramente los pases de pecho al natural sonando el pasodoble "Amparito Roca". El fondo del toro va a menos, echándose en falta una totalmente ausente raza durante toda su lidia. Tras perfilarse el de azul pastel y oro en suerte natural, le propina una estocada entera en los mismos hoyos de las agujas. Dos orejas.


     Se murmulla en las gradas acerca de Bizarro, negro, de más trapío de lo que llevamos de corrida, badanudo, de considerable longitud, escasa altura y ligeramente acapachado de cornamenta, que es saludado por su matador combinando con templados delantales. Administra el castigo el del castoreño. No lo pone difícil con la suerte de avivadores, aunque haciendo hilo molestamente tras la colocación de cada par y en los capotes de los peones.
No le exige el director de lidia, tratándolo suavemente y sin bajarle en exceso la pañosa, cosiendo los diversos muletazos con medio recorrido. Le falta chispa al astado, que requiere acortar las series, pese a que no desvía la mirada del engaño, exponiendo una excepcional fijeza. Se oye el pasodoble "La Puerta Grande" cuando logra una dulce serie al natural. El segundo de su lote se va consumiendo, desluciendo el final de la faena. No está certero con la tizona, pinchando en un par de veces, y finalmente hundiendo el acero, con trasera colocación, fruto de su perceptible coraje, acción que le desvirtúa: hay que dominar las emociones mientras se esté vestido de luces, sin que las mismas florezcan a la vista del aficionado. El morito se atrona al cuarto golpe de cruceta de verduguillo. Recoge abatido la ovación del respetable desde las rayas de picar, dejando una tarde de toreo superficial de sinsabor, carente de profundidad y alma.


     Tras la apertura de la puerta de chiqueros para dar salida a un armónico negro mulato, listón, chorreado en verdugo, construido ligeramente cuesta arriba, enmorrillado, con importante badana, mejor armado de cuerna que sus hermanos y sin una imponente expresión de cara, no consigue lucirse de capa el debutante en esta plaza. Recibe un señalado puyazo por parte del de la gregoriana, comportándose posteriormente maliciosamente al cortar en el cuarteo de los banderilleros, cayendo delanteros dos pares de garapullos. Brindis a Pepe Moya mediante el micrófono de Canal Toros.
Exprime el toledano lo escaso que le resta a su garcigrande. Irrumpe la obra musical "Tercio de Quites" al mismo tiempo en que humilla aunque sin recorrido, embistiendo de manera intermitente. Aun proporcionándole tiempo y espacio, no consigue arrancar al desclasado astado. Ni por un pitón ni por otro, a media altura, transmite al público jienense. Concluye sorprendentemente por saltilleras con la muleta, bernardinas sin ayuda y luquecinas, adornándose con grandiosa improvisación en los versos finales de su deslucida obra. Queda baja y desagradablemente trasera la estocada, que emborrona una actuación que pese a que no ha resultado sobrada de pellizco, hubiera tenido alguna posibilidad de triunfo, dado al mérito que supone la situación. Ovación.


La corrida de Garcigrande ha sido apta de hechuras para unos corrales de tercera categoría. En general de capa oscura, desiguales en cuanto a juego y todos manejables, aunque con breve fondo y pronta apagada. A destacar, el segundo, que fue templado de maravilla por Álvaro Lorenzo, mostrando una extraordinaria continuidad y recorrido en su embestida, pese a la notable falta de raza. Sobresaliente: David Salieri, de caña y oro con remates negros, quien no pudo intervenir en ninguna ocasión de la corrida.

Imágenes: capturas obtenidas del resumen de la retransmisión de Movistar Toros.


-El Juli:  ovación y ovación.

-Álvaro Lorenzo: dos orejas y ovación.


- ENTRADA: Tres cuartos del aforo permitido -

Romero Salas

martes, 29 de septiembre de 2020

OPINIÓN: San Miguel, torero

 



    El veintinueve de septiembre nos saca una leve sonrisa a la afición taurina. Al fin llega la fecha en la que, cual más arraigada tradición, nos quitamos el gusanillo del incesante afán que minuciosamente nos florece: anhelamos volver a escuchar los clarines de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, sentados en sus curtidos escaños y disfrutando de la más deliciosa cultura. Un preámbulo del torero abril, digámoslo así, en el cual se acartela una exquisita terna que a nadie deja indiferente. Hoy los tres Arcángeles se lían el capote de paseo para brindarnos la ardua lucha contra la pandemia que actualmente atenaza a buena parte del planeta. San Miguel, inconfundible director de lidia, nos recuerda que la Esperanza aguarda impaciente a la otra orilla de la Puerta del Príncipe, para congratular a cualquier posible espada que consiga atravesarla. Le sigue San Gabriel, que al igual que la Fe que nos transmite, espera vendado la salida de su astado, descobijándose posteriormente de su acogedor burladero, con el más confortador percal en mano. Y tomando alternativa completa San Rafael, rebosando la Caridad que sobre él ha derramado, con su moribunda mano, el Cristo más torero de la ciudad hispalense, mientras su madre, fiel a su maternal instinto, retocaba los últimos detalles en los alamares y caireles de su inmaculado blanco y oro. 

    La festividad de San Miguel nos recuerda a aquella ilusión, desprendida y repentinamente arrebatada, que habíamos puesto inocentemente sobre los emocionantes carteles que salieron impresos con el brillante sello de Pagés. Y que así perduren para la próxima feria de finales del mes noveno. Al menos que no destronen al actual poseedor de las llaves del coso baratillero. Le dio mucho a Sevilla -nada menos que su propio estilo, clásico, puro y con buen gusto-, y ahora toca la inversa. 

    También se lamenta el orbe taurino cordobés del mágico, casi imposible, deleite perdido, al caerse de nuestro momento de gloria fechado para el próximo doce de octubre aquel que en un pretérito no muy lejano, dicen que cortó dos pares de orejas a un lote de morlacos de Jandilla en una de las plazas más exigentes del mundo. Con una espléndida bandera grana y oro, y de fondo al Rey de los Toreros, se ataviaba uno de los carteles más atractivos de la breve temporada, si no el que más. Es más, lo sigue siendo, mas hay que comprender que sin Pablo Aguado no hay remate ni cartel galáctico que valga.

    Y con esto, concluyo este humilde homenaje a tan señalado día en el calendario taurino. Feliz día de San Miguel, torero. Y lo más esencial: cuídense... que tarde o temprano volveremos.

Romero Salas

sábado, 26 de septiembre de 2020

"Toros desde el sofá": Enrique Ponce, Curro Díaz y Sebastián Castella en Granada


 Foto: Ahora Granada



ENRIQUE PONCE, CURRO DÍAZ Y SEBASTIÁN CASTELLA
PLAZA DE TOROS MONUMENTAL DE FRASCUELO, GRANADA
De segunda categoría
-Estilo: Neomudéjar
-Inauguración: 30/9/1928
-Aforo: 14000 localidades

Comienzo: 18:00h
(Festejo retransmitido a través de Canal Sur)


Ganadería: Juan Pedro Domecq
-Divisa: Encarnada y Blanca
-Finca: Lo Álvaro (Castillo de Las Guardas, Sevilla)
-Señal de orejas: punta de lanza en ambas
-Antigüedad: 2/8/1790

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Tras irrumpir el gallardo pasodoble "Granada", se forja el paseíllo con suma responsabilidad, pero también con una pizca de ilusión, que florece al acoger uno de los festejos más atractivos del taurino mes de septiembre. Desfila más adelantado Sebastián Castella. Al término del caminar hacia la presidencia para cambiar la seda por el percal, se guarda un minuto de silencio en memoria de las víctimas mortales de la pandemia, y posiblemente dedicado también al maestro Paquirri, que hoy se cumplen 36 años de su fatídica muerte. Más tarde, se escucha y se ovaciona el Himno Nacional. Momento mágico que eriza el vello de todo español orgulloso de su bandera y su Fiesta.


Enrique Ponce: blanco y azabache, con el chalequillo bordado en oro y adornos en plata en las hombreras.

Curro Díaz: turquesa y oro

Sebastián Castella: azul pastel y oro


    Responde a Sambuca el primer toro de la tarde, negro, alto, rematado, enmorrillado, cornialto, albísimo de palas y estrecho de puntas. Saca el cuello con humillación y recorrido por el pitón derecho en el templado ramillete de verónicas de Enrique Ponce. Puyazo medido es el que recibe el astado, empleándose en el peto con la cara abajo. Quita el director de lidia por delantales, considerando oportuno el cambio de tercio. El juampedro carece de fuerzas en el tercio de garapullos, cayendo en el segundo par, dando lugar a una leve protesta en el tendido.
La papeleta que ha de resolver el chivano es sumamente complicada: su adversario pierde las manos en varias ocasiones, y a su vez la continuidad y humillación que le habían hecho brillar en el percal. Le otorga tiempo entre cada derechazo, lo que produce una descosida serie sin lucimiento. Suena la banda de música entre pitos del respetable, solicitando su cese posteriormente el matador. Aprende a embestir el animal de la mano de su lidiador, quien soltando el estoque de ayuda, alterna ambas manos a media altura, citando de frente y prolongando los pases de pecho, aprovechando la fiel fijeza que muestra el primero. Su estaquillador es una varita mágica que ha transformado completamente al de la finca Lo Álvaro. Hemos sido testigos de otra obra magistral, fruto de la sapiencia que destilan sus treinta años de alternativa. Estocada corta en suerte contraria, trasera y ligeramente tendida, suficiente para el atronamiento instantáneo. Oreja.


    Se abren los chiqueros para Secuestrador, colorado, largo, ojo de perdiz, entrado en carnes, enmorrillado, badanudo, ancho de cornamenta y astifino, que es recibido de capa de manera sublime y a cámara lenta por Curro Díaz. Toreo pata negra que ha dejado ebullir de sus palmas el maestro de Linares. Desmonta al piquero de su cabalgadura, en su afán de acometer contra la misma. El toro sube la cara agresivamente en el cuarteo, distrayéndose además en el último par. Brindis al público.
Inicia muy toreramente el jienense. Engancha la franela en demasía: no se puede templar cualquier tipo de toro. Baja la mano diestra, tragando la maligna mirada del desclasado marrajo, que impide el lucimiento a su espada. Se estrena la composición musical taurina "Curro Díaz". Pese a la desmesurada entrega del torero, no transmite absolutamente nada el colorado, con escasísimas virtudes, si es que las tiene. Se esfuma la continuidad. Pincha en un par de ocasiones. Estocada corta, caída y delantera. Acierta al segundo intento de verduguillo. 


     Danzarina se lee en la tablilla de toriles, negro, armónico de hechuras, hecho levemente cuesta arriba, enmorrillado, bajo de manos, algo capacho de palas y estrecho de pitones. Se estira a la verónica Sebastián Castella con el tercero del festejo, que descoordinadamente y con posibles calambres musculares, pierde feamente los cuartos delanteros. Lo conduce a la jurisdicción del varilarguero entre una potente bronca que manifiesta la afición. Tras un señalado puyazo, el cornúpeta es devuelto a los corrales, a mi parecer con buen criterio.


    Se luce el francés por verónicas con el capote al ralentí, chicuelinas y una muñequeada media ganándole terreno. El segundo toro de su lote -que no el sobrero-, negro listón, bien construido de hechuras, largo, con voluminoso morrillo, hondo de caja y cornidelantero, agarra con prontitud el caballo, recibiendo la puya en un gran sitio. Combina en el quite el diestro por vistosos afarolados y prolongadas tafalleras llevándose las telas a la espalda, reluciendo la variada e imprevisible tauromaquia del galo. Reúnen los rehiletes en el lomo los subalternos. Brindis al público.
Profundiza los doblones por bajo Castella, encelando a su oponente y extrayendo provecho de su recorrido en el comienzo de faena. Se raja el mismo frecuentemente. Logra el de azul pastel y oro, con un llamativo bordado de cuadrados, una interesante serie al natural, ya que el animal se arranca explosivamente, aunque en ocasiones pecando de desclasado, con violentos cabezazos en el término del embroque. Compone la figura al natural. No consigue una excepcional transmisión, mas le apura todo lo posible, al ritmo del pasodoble "Granaína y media", en los versos finales de su obra. Le propina una estocada corta en correcto lugar, con el brazo por delante, tras superar los problemas que expone el burel en su distracción mientras se lleva a cabo el perfilado para ejecutar la suerte suprema. Oreja.

    

    Sainetero se hace presente en el coso granadino, con sus imponentes hechuras, castaño albardado, serio, cornidelantero de palas y con pitones inclinados. Asienta las zapatillas el valenciano enfundado en un elegante terno blanco y azabache, con el chalequillo bordado en oro y algunos salpicados adornos en plata, moldeando el toreo con el capote. Contesta el toro en la suerte de varas al prolongado castigo que recibe. Quedan desiguales las banderillas colocadas por los peones del maestro Ponce. Brinda al respetable.
Torea de salón a media altura sin sacar excesivamente el brazo derecho, componiendo la figura en una espectacular serie, que capta velozmente la atención del público. ¡Menudos carteles de toros! Va amaestrándolo con tiempo y sitio, mientras nos deleita el exquisito "Cielo Andaluz". Hay que pellizcarse para comprender que lo que estamos viendo no está editado a cámara lenta por la realización de Canal Sur, pues da totalmente lugar a confusión. Desgraciadamente, disminuye la raza de la res, mas con su sensacional nobleza permite expresar a Enrique lo que siente delante de él. Llega el momento de la poncina, vaciando hasta el final la embestida; tampoco se queda atrás lo inédito: el toreo de rodillas esculpido por los ángeles, concluyendo con el abaniqueo en la cara, firma inequívoca que finiquita una genial pintura, apta para una de las más prestigiosas galerías. Pincha en su intento de entrar recibiendo, pero lo arregla instantáneamente con una estocada entera en los mismos rubios. La tizona lo ha emborronado todo, aunque no se percibe esta influencia negativa en la presidencia, asomando un par de pañuelos blancos. Dos orejas.


   Baja toreramente su percal el matador de turquesa y oro, salteando con ajustadas chicuelinas, y volviendo a cortar lentamente el más sabroso ibérico, recibiendo al negro listón, más largo que un autobús, fino, amplio de grupa y astifino, de descomunal trapío. ¡Vaya gusto que posee el aurgitano cuando se le coloca la divisa al toro que espera! No se emplea el quinto de la corrida en las cuerdas del torero con gregoriana y castoreño, quien tampoco propina un exagerado castigo con la pica. Dificultoso tercio de palitroques, cayendo baja y desigual la primera pareja.
Templa en el prólogo el que desfiló a la derecha en el paseíllo, llevando largo el muletazo, pese a la evidente protesta del cornúpeta al final del mismo. La predisposición del matador es titánica, al son de su propio pasodoble. No obstante, no le responde su adversario, al que no le importa la entrega, la formalidad ni el buen comportamiento. Aunque la transmisión no se contempla en la faena, Curro nos ha vuelto a dejar una pincelada de sabor y toreo profundo. Estocada entera, algo trasera y tendida. Oreja.


    Ranchero, así fue nombrado el sexto toro de la tarde allá por el Castillo de las Guardas -que en realidad se trata del primer sobrero-. El carbón con el que acomete al lacio capote estropea el trazo de los lances del más novel en alternativa. Negro, largo, fino, con dulce expresión, badanudo y cornidelantero con pitones desembocados hacia arriba, es el morito que toma una leve puya, humillando en el peto. Hay que esperarlo en exceso para ejecutar la suerte con los avivadores. Posteriormente, se lo lleva con torería a una mano un banderillero hacia su burladero. ¡Qué delicia en el maniobrar de los toreros de plata!
Lo lleva toreado Sebastián con medio muletazo, exigiéndole, sin recorrido pero paseándolo debido al maravilloso tranco y clase que desprende. Ralentiza por el pitón derecho mientras escuchamos los acordes con su nombre. Se adorna con molinetes por bajo, aunque el fondo del animal se desploma de repente. Estocada entera en suerte contraria. Oreja para finalizar una fascinante tarde de sabrosísimas "trincherillas" que nos sacan una sonrisa y alimentan nuestro alma.


La corrida ha sido bien presentada, con señero trapío en general, de capa oscura excepto el colorado segundo, y todos manejables. A destacar el cuarto, Sainetero, al cual exprimió una magnífica faena Enrique Ponce, llegando hasta hincarse de rodillas -nada habitual en su tauromaquia-, y desorejándolo entre el clamor del respetable. El tercero fue devuelto a los corrales por posibles defectos musculares y de descoordinación.

Imágenes: capturas obtenidas de la retransmisión en directo de Canal Sur.


-Enrique Ponce: oreja y dos orejas.

-Curro Díaz: palmas y oreja.

-Sebastián Castella: oreja y oreja.


- ENTRADA: Tres cuartos del aforo permitido -

Romero Salas

viernes, 25 de septiembre de 2020

"Toros desde el sofá": Enrique Ponce y Curro Díaz en Cabra

 

Foto: surdecordoba.com



ENRIQUE PONCE Y CURRO DÍAZ
PLAZA DE TOROS DE CABRA, CÓRDOBA
De tercera categoría
-Estilo: Popular de mampostería
-Inauguración: 24/6/1857
-Aforo: 4050 localidades

Comienzo: 18:00 h
(Festejo retransmitido a través de Movistar Toros)

Ganadería: Juan Pedro Domecq
-Divisa: Encarnada y Blanca
-Finca: Lo Álvaro (Castillo de Las Guardas, Sevilla)
-Señal de orejas: punta de lanza en ambas
-Antigüedad: 2/8/1790

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Se percibe sin excesiva dificultad la abismal solemnidad que rebosa el paseíllo sobre el ruedo egabrense, a la par los dos espadas formando una terna, más bien un dúo, armónico en cuanto a indumentaria se refiere, y desfilando destocado Curro Díaz en su debut en esta plaza como matador de toros.

Enrique Ponce: corinto y oro

Curro Díaz: azul pavo y oro


    Recibe Enrique Ponce flexionando la rodilla a Pícaro, que sale suelto del percal del chivano. Consigue estirarse a la verónica con notable despaciosidad, bajándole mucho el capote y mostrándole menos de lo habitual, lo que le honra, aprovechando la humillación que expone el toro de salida. El negro mulato,  listón, rematado, hecho ligeramente cuesta arriba, enmorrillado, bajo de manos, badanudo, cornidelantero y estrecho de sienes, toma un medido puyazo, peleando con un solo pitón. Quita el director de lidia en los medios por intermitentes chicuelinas, delantales y una posterior media al ralentí. No quedan en óptima colocación los pares de rehiletes, al cortar en el cuarteo el astado. Brindis al público.
Inicia la faena con abismal suavidad, ganándole terreno el diestro hacia las rayas de picar. Destaca la evidente humillación, fijeza y continuidad del cornúpeta, que pese a sus virtuosas cualidades, no termina de romper en cuanto a transmisión. Bailotea a sones del pasodoble "Churumbelerías", proporcionándole así cierto tiempo al animal, ya que no se excede de fuerzas. Alterna frecuentemente ambos pitones. Torea a pies juntos al natural y citando de frente, aunque sin poder coser los independientes y templados muletazos. Concluye su descafeinada actuación con el ya habitual abaniqueo en su repertorio. Estocada entera y trasera, la cual no es suficiente para una pronta caída del toro. Acierta con el descabello. Palmas.


    Sobresalta el segundo de la tarde, haciendo alusión a su propio nombre. Lo saluda Curro Díaz por lentas verónicas con el mismo capotito que su compañero de cartel. El castaño, largo, potente de grupa, cuesta arriba, hondo de caja y de semejante cornamenta que el que abrió los chiqueros en primer lugar, es conducido a la jurisdicción del equino mediante un garboso galleo por chicuelinas, habiendo irrumpido contra las destrozadas tablas de la barrera, dejando al descubierto el callejón. Señala la puya el varilarguero en buen sitio. Correcta ejecución del tercio de garapullos. Brindis al público.
Se va haciendo polvo las manos la res, perdiéndolas en diversas ocasiones, al igual que las tablas de la plaza, que ya se han destrozado tres o cuatro veces en lo que llevamos de Gira de Reconstrucción. Cae desagradablemente de nuevo, ahora con los cuartos traseros incluidos, dando la sensación de una desafortunada lesión en los mismos. Se luce al natural el linarense al ritmo de la composición musical taurina "Joselito Bienvenida". Logra la emoción, calando en el tendido con la mano zurda. Demuestra una gran clase, tranco y recorrido el burel, permitiendo a su vez una interesante inspiración a su lidiador, quien más tarde deja una media estocada en suerte natural, que surte repentino efecto. El morlaco es aplaudido levemente en su arrastre. Oreja.


     Sale de toriles Puntillito, colorado, serio, bajo, rematado, enmorrillado, badanudo y astifino, que embiste con abismal carbón en las telas del de corinto y oro. Se astilla el pitón izquierdo al penetrar el mismo en un burladero. ¡Un buen carpintero para darle un repasito a las maderas, por favor! Administra el piquero del castoreño el castigo al adversario. Aprieta por dentro a los subalternos que cuartean con los palos, lo que convierte en meritoria dicha suerte. 
Levanta los oles al principio de la faena, sin obligar la acometida del animal. Se adorna con bajos molinetes, mientras cambia a la mano izquierda. Se ayuda del alegre "Nerva" para marcar los tiempos de las series por el pitón derecho del encastado cornúpeta, que no cesa de embestir exponiendo una importante continuidad. Le facilita tiempo, lo dosifica bien el chivano, mas no tiene frente a su franela un astado que destile una extraordinaria transmisión. Le extrae magistralmente todo el jugo posible al segundo de su lote, abandonándose y llevando largo y profundo el muletazo. Concluye con su patente poncina. Estocada corta en suerte contraria y en los rubios. Dos orejas.


    No consigue lucirse de capa el segundo de la pareja de toreros con el cuarto juampedro del festejo, el cual tumba al caballo y a su jinete, cayendo ambos al haber sido agarrado el primero por los pechos. Le deja la pica para la "prueba del azúcar", como se suele decir coloquialmente en la jerga taurina, a Locuelo, negro, bajo, armónico de hechuras, enmorrillado, tocado del pitón izquierdo y estrecho de puntas. Colocan con aparente facilidad los avivadores los peones de la cuadrilla de Curro Díaz.
Comienza la faena componiendo la figura y templando a su oponente. Para el tiempo con gran gusto el maestro con la mano diestra. Alterna por naturales, proporcionándole también cierto tiempo entre tanda y tanda. Cala en el público mientras se escucha el clásico pasodoble "Domingo Ortega". Está cumbre el espada, con su toreo profundo e inspirando. Estocada entera tras un pinchazo con un ligero metisaca. Ovación en el arrastre del morito. Oreja.


La corrida de Juan Pedro ha tenido una correcta presentación, apta para plaza de tercera categoría, incluso alguno que otro para de segunda. Los cuatro toros eran cuatreños, con escasa variedad de pelo y juego irregular. A destacar el segundo, que pese a que perdía las manos y caía frecuentemente, acometía a los engaños con notable continuidad, y cada vez más con mejores cualidades; y el cuarto, templado a la perfección por Curro Díaz, y embistiendo con gran clase y fijeza. Ambos fueron ovacionados en su arrastre. 
Sobresaliente: Enrique Martínez "Chapurra", de azul marino y oro, quien no pudo intervenir en ningún momento del festejo.

Imágenes: capturas obtenidas del resumen de la corrida, retransmitida por Movistar Toros.


-Enrique Poncepalmas y dos orejas.

-Curro Díaz: oreja y oreja.


- ENTRADA: Lleno del aforo permitido (200 localidades) -

Romero Salas